Viajes cortos en Alemania: Gelnhausen en Hessen

Hice un viaje de un día a una ciudad cercana a Frankfurt am Main: Gelnhausen. Si no la conocen o no les suena de nada, no se preocupen… es normal.

Gelnhausen es una ciudad pequeña dentro de la región alemana de Hessen. Es considerada como una de las diez ciudades más bonitas de la región y las fotos son prueba de ello. La postal típica alemana con las casas antigüas, los paisajes verdes y, al menos en nuestro caso, el sol brillando, forman parte de las postales que se pueden hacer de la ciudad de Gelnhausen.

Saliendo de Frankfurt (pasando por Offenbach y Hanau) se llega a Gelnhausen en tren en una hora, por un precio módico de 7€ (lo mismo que cuesta ir a Wiesbaden). Si se vive en Frankfurt y se tiene un ticket mensual o anual, solo se debe pagar lo que sería el trayecto a partir del momento en que se sale de Frankfurt.

Un detalle, fue que nos controlaron tanto a la ida como a la vuelta. Hay que tener cuidado con estas cosas, porque por más que fuera un viaje corto, se trataba de un tren regional. Además, en Frankfurt se están haciendo muchas reparaciones en las estaciones, como lo son la limpieza general, la incorporación de ascensores, etc. Con esto, quiero decir que de algún lado necesitan la financiación, y las multas deben ser una de las fuentes de ingresos más grande para las empresas de transporte.(Casi como si estuvieramos en Argentina...)

La ciudad es pequeña pero muy pintoresca. El centro histórico se puede hacer caminando en una hora. No es una ciudad con demasiados habitantes con lo cual la caminata es agradable y sin demasiados sobresaltos, aunque tampoco sin demasiadas atracciones.

Se puede subir a la parte norte de la Altstadt, en la que hay una construcción antigüa al lado de un pequeño parque (en el que hay un monumento a los caidos por las guerras mundiales) y desde ahi se puede tener una vista completa de la ciudad con sus casas bajas, dos iglesias y los alrededores. En nuestro caso, una vista muy verde y con sol.

Voy a hacer una aclaración. Había un museo, al cual no entré. Y había una atracción llamada la Kaiserpfalz, a la que tampoco entré. Por un lado, el museo, no se que podía ofrecerme una ciudad tan pequeña como Gelnhausen en un museo, y siento que muchas veces los museos son más verso que otra cosa. “Esta es la cama donde durmió Goethe” (para más información, leer la entrada de la Casa de Goethe en Frankfurt am Main), y si Goethe estuvo remotamente cerca de tocar esa cama, yo soy Schiller resucitado.

Y por el otro, la Kaiserpfalz es una pared en la que alrededor le construyeron cosas y te cobran 3€ por algo que probablemente dura 5 minutos, que además, ¡se puede ver desde afuera! Forman parte de los restos de algún castillo del llamado Barbarroja (Friedriech I, Kaiser del Sacro Imperio Romano Germánico). Los restos pude verlos, como dije, desde afuera, sin necesidad de pagar los 3€. 

Lo único importante que parece haber sucedido en esta pequeña ciudad es el nacimiento  del escritor alemán Grimmelshausen, mejor conocido como Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen. Wikipedia tiene un artículo dedicado a este escritor.

Gelnhausen es también la ciudad natal de Phillip Reis, que fue un pionero en la invención del teléfono. En el cartel que dice “casa natalicia de Phillip Reis” le tiran un “Erfinder des Telefons” (inventor del teléfono), que es una aseveración bastante sencillista de lo que fue la historia de dicho invento. Si quieren saber un poco más al respecto, los invito como siempre a que lean.

El viaje de ida y vuelta, más recorrido a pie inclusive nos tomó unas 5 horas. Para un fin de semana en el que no se sabe que hacer, Gelnhausen puede ser una opción.

Si quieren más información de la ciudad de Gelnhausen, les recomiendo visitar la página oficial http://www.gelnhausen.de/

Viaje a Estrasburgo: revisitando a Francia

La última vez escribí sobre Holanda, esta vez sobre Francia, y más precisamente, sobre la ciudad europea por autonomasia: Estrasburgo.


El viaje fue de solo 3 días, para poder aprovechar el feriado del 1 de mayo, día del trabajador internacional, que fue un viernes. Una información de color, es que el 1 de mayo se festeja por una revuelta obrera ocurrida en Chicago, en los Estados Unidos. Esta fiesta se festeja casi en la totalidad del mundo,… a excepción de los Estados Unidos. En este país se celebra el “labor day” el primer lunes de septiembre.

Volviendo al viaje, salimos en Bus para la ciudad de Estrasburgo desde Frankfurt, temprano el viernes, acompañados de una lluvia ligera que estaría con nosotros durante la mayor parte del viaje. En Estrasburgo, la estación de buses se encuentra en la otra punta de la ciudad de donde se ubica la estación central de trenes. Solo algunas empresas paran sus buses al lado de la misma en una calle que no da para ese tipo de buses. Pero bueno, son rebeldes.

Teníamos reservada una habitación a través de Air B&B, que fue una buena idea, tanto por la ubicación del departamento, como por el precio. Ahora bien, al llegar, se trataba de un sexto piso, sin ascensor. Al llegar, casi sin aliento, el departamento era moderno, dentro de lo que cabe, y estaba en buen estado. Una de las camas se encontraba en un pequeño altillo, el cual me hizo doler los pies a cada paso que daba, y lo que me llevó a tomar la decisión de dormir en el sillón/ cama que se encontraba a la altura del piso.

El otro tema fue el baño, el cual incomodó bastante (fui con mi novia y un amigo francés) porque las puertas eran de papel (metáforicamente hablando) y el techo no era 100% cubierto, sino que eran grandes maderas que servían de techo. El resultado era que cualquier ruido que se hiciera ahi adentro, hacía eco afuera. La consecuencia de este hecho fue que nadie quería ir al baño en el departamento. La solución fue tomar “alguna cosa” en algún café cada tanto, para quien lo necesitara, fuera a piacere al baño.

El primer día nos lo pasamos caminando bajo la lluvia. A mi me gusta la lluvia y me gusta caminar mojado. Pero la lluvia era copiosa e ibamos a caminar por un buen rato, con lo que al final compramos dos paraguas “I love Strasbourg”. Algo útil y un souvenir, todo al mismo tiempo. Visitamos la Petite France, la catedral (que se llama también Notre Dame) y un poco del centro de la ciudad donde todo el tiempo estuvo abierto en su totalidad los negocios (recordando que nos fuimos para Francia por el feriado del día del trabajador. En Karlsruhe y en Frankfurt también estaba todo abierto).

El departamento tenía tres bicicletas que podíamos usar, con lo que el sábado, que no llovió durante el día, aprovechamos para dar una vuelta por toda la ciudad. Pasamos por el parlamento europeo que ese día tenía la jornada de las puertas abiertas, pero que para nosotros permanecieron cerradas porque había una cola de 2000 personas. Vimos el edificio de afuera, aunque sea.

Pasamos también por un parque que se llama “Parque de l’Orangerie” que es muy grande y tiene grandes espacios con lagos, ideal para pasearlo en bicicleta. En el centro hay un lugar que es el pabellón Joséphine, construido en honor a la Joséphine de Napoleón. Fui lindo porque era una casa grande en la que pudimos ver unas cigüeñas en una de sus chimeneas. Para quien no lo sepa, las cigüeñas son el símbolo de la ciudad de Estrasburgo.

Y luego, también en bicicleta, nos fuimos por el puente europeo hasta la ciudad alemana de Kehl. El puente une Alemania con Francia, y al pasar de un lado al otro, uno nota las diferencias en seguida. La ciudad de Kehl es muy pequeña y se ven franceses comprando como locos por todos los negocios. Los productos, especialmente algunos como el tabaco, tienen menos impuestos en Alemania y son por ende más baratos.
Volvimos en bicicleta para Francia, para terminar el día comiendo salame con queso, con una baguette y una botella de vino de la Borgoña (que no es de mis favoritos, pero bueno). Como anécdota, debido al água que había caído en esos días y paseando cerca de las vias del tranvía, mi novia se fue al suelo estrepitosamente. No se si es peor caerse uno mismo al suelo o ver a alguien que se quiere caer. Lo mejor sería que nadie se cayera y punto. Pero hay veces que las cosas son inevitables.

El último día nos fuimos a un restaurante donde servían Flammkuchen “à volonté” por 12€, es decir, libres. Las Flammkuchen son como un estilo de pizza muy fina, que llevan crema y panceta, y diferentes tipos de quesos, según que tipo se pida. Y “à volonté” significa comer todo lo que se pueda.

Al volver, corrimos como locos para llegar al bus, el cual salió dos minutos antes de nosotros llegar. Discutí con el conductor desde la calle, haciendo gestos, él y yo, sin ningún éxito, ya que nos abandonó, dejándonos mojados por la lluvia, empapados de sudor, y en calor, por todo lo que corrimos y por la bronca de haber perdido el transporte. Tuvimos que volver en tren, pagando extra el traslado, claro.

Experiencia rica en gastronomia, deporte, y en cosas que hay que tener en cuenta cuando se viaja: ¡salir con tiempo para tomar el bus!

Viaje a Holanda: Rotterdam y la Haya

Hay muchas maneras de llegar a Holanda desde Alemania (si se vive en la frontera, incluso se puede ir caminando, claro está). Desde Frankfurt estabamos entre ir en bus o en tren. El bus es por excelencia lo más barato, quizás solo comparado con alguna opción del Mitfahrgelegenheit (cuando la gente comparte autos para ir juntos a algún destino). El bus tarda más y las opciones de ir con alguien en auto es que nunca son fijas y pueden cancelarse un día antes sin previo aviso. El tren es una opción un poco más cara (aunque no demasiado como se piensa si se reserva con tiempo y viendo las diferentes promociones) y se viaja muy bien y cómodo. ¿Molestan los controles? Si, mucho. ¿Molesta tener que encontrar un lugar? Es eso, o pagar 4,50€ por reserva de lugar por persona por trayecto. Uno lo verá... Sin embargo, es cómodo, tranquilo y no hace casi ruido (a menos que la gente sea ruidosa, pero eso no se puede controlar en ningún medio de transporte).

Nosotros encontramos una buena opción para ir con el tren, directo hasta Rotterdam. Cinco horas de viaje y estabamos en la ciudad holandesa cambiando una sola vez de tren en Eindhoven. La estación central de Rotterdam es visualmente muy interesante. La ciudad en sí misma tiene una gran arquitectura, la verdad. Los edificios llaman siempre la atención, por sus colores, por sus formas. Otra atracción que llama la atención por este sentido son las casas cúbicas, llamadas “Kubuswoningen” en holandés, que significan departamentos cúbicos.

Aviso, que no es que sepa hablar holandés, pero el idioma tiene un gran parecido con el alemán. Al menos en algunas cosas, porque debo admitir que había momentos en los que me encontraba tan perdido que entendía ni una sola palabra. Me pareció increíble el idioma, la verdad. Una mezcla de alemán, con acentro inglés, palabras francesas e ingleses, o mismo alemanas deformadas. Por momentos se entiende, por momentos nada. Sonidos guturales, rasposos o armoniosos. El holandés realmente es un idioma muy rico en todo.

Nuestra visita de Rotterdam fue iluminada por el hecho de que nos alquilamos unas bicicletas y pudimos visitarla casi toda de esta manera. Fuimos al mercado central llamado Rotterdam Blaak, que es una experiencia en si misma, donde se pueden probar muestras gratis de todos los productos que allí se ofrecen. Probamos diferentes quesos, embutidos, chips hechos de verduras, verduras, salsas... y los colores de los productos, los quesos, que eran rojos, verdes, azules, o amarillos intensos. Gente de todas nacionalidades caminando por doquier. Y todo esto dentro de un edificio muy moderno con forma de galpón gigante, azul, lleno de vidrios (una foto podría ilustrarlo mejor), con el toque clásico de pinturas de los mismos productos que allí se venden pintados en los techos internos. Para coronar esa atracción nos comimos unas papas fritas con mayonesa, que es una cosa muy típica holandesa. En holandés es patat. (me recordaba a la serie Tetes à claques, cuando decía, con acento quebequois, “t’aime bien manger des patates?”).

Con las bicicletas nos alejamos del centro de la ciudad y nos fuimos a una zona portuaria en la que había un pequeño molino. Por supuesto que había que ir a ver el molino, sino, ¡no habríamos estado en Holanda! Más tarde vimos unos más desde el tren, pero este lo vimos bien de cerca. Según decía un cartel pegado en la puerta, el molino aun funciona y vende la harina que produce. En esa zona entramos en un pequeño restaurante donde tomamos cerveza (como consejo si alguna vez van, pidan una muestra de cervezas, que es un vaso tipo “shot” en el que traen todos los tipos de cerveza que se ofrecen empotrados en una maderita) y un mix de comidas típicas.

Las bicisendas de Rotterdam están muy bien organizadas, pintadas de un color diferente (colorado) al de la calle normal, y lo más importante, están por todos lados. La ciudad no es muy grande, con lo que se puede llegar a todos lados en bicicleta. 

La segunda parte del viaje fue a La Haya, que es donde viven los reyes de Holanda normalmente. También se encuentra el Palacio de la Paz y muchos edificios administrativos del país. La ciudad no la pudimos apreciar al 100% porque era domingo y estaba todo cerrado, y todos los edificios que acabo de enumerar los vimos desde afuera. Lamentablemente no la pude saludar a Máxima, aunque vi muchas postales con su cara y hasta un cuadro enorme que estaba en frente del palacio real. 

Algo que probé en la Haya, es la salchicha cruda: Ossenworst. Es como si fuera carne picada en forma de salchicha... y se come así. La impresión es bastante grande al comerla, pero es rica. Así y todo, no la recomiendo, porque si por mi fuera, no la pediría de nuevo. Pero se viaja para probar cosas nuevas, ¿no es cierto? 

Como conclusión puedo decirles que Holanda merece la pena (sin entrar en nada de drogas, ni zona roja) a nivel cultural y gastronómico (la cerveza es muy buena y tienen muchas especialidades increibles, muchas de las cuales incluyen queso, claro). ¿Volver? Volvería. Intentaría ir un día de semana para ver cómo son las ciudades, e intentaría volver en primavera o verano. Pero, ya que vi la segunda y la tercera ciudad más grande de Holanda, la próxima me gustaría conocer Amsterdam, que claramente es la primera. Y saludar a Máxima... eso me quedó en el tintero.

Mercado Navideño de Frankfurt (Weihnachtsmarkt)

En esta entrada les quiero hablar del mercado navideño de Frankfurt. La gran alegría del invierno en la ciudad. El frío, mirando las luces y los adornos, no parece molestar tanto.
mercado navideño en alemania

Árbol navideño: En este caso vemos el gran árbol navideño del Römer, donde se concentra una gran parte del mercado navideño de Frankfurt. Continúa por las calles aledañas que llevan al Zeil (una peatonal enorme) para terminar en la Hauptwache (una plaza gigante en el corazón de la Altstadt: casco histórico). El árbol es lo primero en ubicarse de todo el mercado. Cuando los habitantes ven elevarse el árbol, adivinan que pronto el mercado estará en funcionamiento.

Comida y decorados alemanes

Lebkuchenherzen: En esta foto se ven los “Lebkuchenherzen”, que son como corazones hechos de pan de jengibre. La receta tiene un millón de ingredientes, y debe ser una cosa muy calórica y alimenticia. Los ingredientes son: frutos secos y nueces, naranja, limón, miel, harina, azúcar, huevos, especias, anis, jengibre,cardamomo, cilantro, nuez moscada, canela, etc. Dependen un poco de la zona, los ingredientes que se usen. Llevan frases de amor, o palabras bonitas... hacen un buen souvenir. 

Weihnachtsmarkt en Frankfurt

Stands navideños:  además de los recuerdos, jueguetes o velas, los mercados navideños en Alemania se caracterizan por ofrecer mucha comida a los transeúntes. Comida y bebida, típico alemán. Si faltase alguna, no sería un festival alemán. 

Mercado navideño en Frankfurt

Stands navideños 2:  como les explicaba en la foto anterior, comida y bebida, sí... pero también recuerdos, juguetes, adornos navideños, entre otras cosas.

Fotos de Frankfurt am Main (Otoño)

Imagen de Frankfurt am Main en primavera

Frankfurt am Main: al final primavera todos los árboles que hay en Frankfurt (que son muchos) comienzan lentamente a perder el verde que los caracteriza, y hojas amarillas y amarronadas comienzan a aparecer en sus copas. De fondo se ven los edificios típicos de Frankfurt.

Alemania en primavera

Frankfurt am Main: los edificios de esta foto son llamados comúnmente Mainhattan, porque se parece un poco a la ciudad de Manhattan pero cerca del río Main (en esp. Meno). El cielo despejado en esta foto es casi una excepción a la regla de lo que es el clima en la ciudad.


Alemania en Primavera

Frankfurt am Main: en este caso se ve el paisaje completo (desde la ventana de la oficina de mi trabajo) y como es natural, a lo lejos se ven las nubes oscuras que se acercan. En la imagen se ve el Mainhattan, a la izquierda, y a la derecha el Dom y las puntas de por lo menos unas cinco iglesias.

Para utilizar estas imagenes, por favor contactarme. 


Regreso a Frankfurt: diferencias

Las vacaciones se han terminado, el último grano de arena de descanzo en Argentina ha caído, y hay que volver al trabajo, a la rutina, y sobre todo: al frío.



Dos semanas en Argentina se pasaron volando, los reencuentros, los olores, los sabores... el aire mismo. Borges decía, creo haber leído en alguna entrevista, que todo le parecía irreal, hasta que volvía a Buenos Aires... dónde la vida continuaba donde se la había dejado. Como siempre, digo, que, a mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire. A mi me sucede lo mismo, Buenos Aires siempre se mantiene igual, al pasar por los mismos lugares que hace tanto tiempo... es una nostalgia diferente, o quizás no. Se entienden los tangos, "que 20 años no es nada", "que al recordarte se me pianta un lagrimón", entre otros... Estaba escuchando la canción "Home Sweet Home" del grupo Los Pericos, dice: "cuando estoy lejos de aquí, me pongo sentimental, y eso que el Tango no es para mí". Creo que los chicos del grupo no han estado realmente lejos... sino el tango sí, efectivamente, sería para ellos.

De regreso en Frankfurt siento las diferencias, pero por sobre todo, la diferencia horaria, sumada al hecho que el vuelo fue bastante movido y no pude casi dormir nada. Siempre me imagino en el futuro cómo volará la gente al viajar en avión. Supongo que harán como nosotros, mirarán hacía las viejas máquinas voladoras y se preguntarán cómo harían para tener el valor de volar en esas cosas. La diferencia de horario es de cuatro horas, pero es suficiente como para dejar mareado a un viajero.

Al llegar se notó otra diferencia: el clima. No hace aun mucho frío en Frankfurt, pero si más que en Buenos Aires, sumado al hecho de que el clima de Hessen (al menos estos úlitmos 12 meses) ha sido nublado. Nublado en verano, nublado en primavera, nublado ahora. Es triste, es nostálgico, es fatigante. Pero en eso, asemeja mucho a Buenos Aires. Es por eso que supongo que hay gente que sufre tanto en Alemania, sobre todo los países con crisis que son los que tienen tantos días soleados. En eso, los argentinos, no creo que sufran demasiado. Es un día típico de Buenos Aires durante los meses de junio o julio.

Lo único que me anima es que pronto dará inicio el mercado de navidad en la ciudad, y en la región. Cada ciudad tiene el suyo, por más minúsculo que sea. Esos aires vacacionales, en el que todo términa y se da inicio nuevamente para empezar con más fuerza me anima. Y el frío siempre me gustó. Yo creo que lo que no puedo aceptar (yo, o mi organismo) es el cambio brusco. El ser humano es un ser de hábitos, de eso no hay duda.


Seguimos...

Casa de Goethe en Frankfurt: Goethe se retuerce en su tumba


La casa de Goethe en Frankfurt, una atracción ¿obligatoria? cuando se visita la ciudad.  Un artículo y una experiencia en la Goethehaus.




Hace mucho que no escribía, pero para mantener el blog vivo (pues no quiero dejarlo morir), voy a contarles sobre mi visita a la casa (natalicia) de Goethe, en Frankfurt. Ante todo debo decirles que se deben preparar, al entrar en el museo (pues se trata de un museo) con mucho dinero, si alguna vez tuvieran la oportunidad de encontrarse en Frankfurt. No sé si Goethe era capitalista, o si estaba en contra el modelo que reina en nuestro mundo actualmente, pero como hombre de mundo y humanista, estoy casi seguro que se hubiera opuesto a la idea de cobrar una entrada tan cara para visitar su hogar. Incluso los estudiantes deben pagar 3€, cosa casi inaudita en la Europa actual. 

Debajo les agrego la lista de precios actual y tal como aparece en el sitio web (sin contar los precios con visitas guiadas, que, por supuesto tienen otro precio superior). Como pueden ver, hasta los estudiantes deben pagar una contribución.

En Francia, (para más información leer las entradas sobre Dijon) los museos eran gratuitos para todos los menores de 26 años.


Eintrittspreise (precio de las entradas)





Precio regular
7,00 €


Reducidos
3,00 €


(discapacitados, desocupados)



Estudiantes
3,00 €


Estudiantes de escuela
1,50 €


Grupos
5,00 €


(a partir de 11 personas)



Grupos
4,00 €


(a partir de 20 personas)



Familias con niños
10,00 €


(max. 2 adultos)




La idea de visitar “la casa de Goethe”, es, a mi modo de ver las cosas y refiriéndome a este caso, una estafa. Paso a explicar las razones de este ataque directo a la construcción denominada Goethehaus.
 

1) Referencias a la obra de Goethe


La casa sólo presenta una habitación en la que podría haber una referencia (mismo lejana) hacia la obra del escritor, pensador y hombre de luces alemán. Es una mera y simple casa del siglo XVIII (Goethe nació en 1749), en la que se puede visitar hasta la cocina. Dudo que el desayuno inspirara a Goethe a escribir al Fausto, a la Cuitas del Jóven Werther o sus poesías de Sturm und Drang. (fotos de la cocina de la Goethehaus). Calculo que sólo un fanático acérrimo del escritor podría alegrarse de poder ver la cocina dónde se preparaba la comida de Goethe, ya que dudo que el mismo Goethe se dignase a bajar a la misma, por tratarse de un recinto para los sirvientes.

Cómo dije antes, sólo la biblioteca tiene un aire goethesco (si existe la palabra quijotesco, debe existir esta también). Pero si uno se pone a pensar, Goethe “nació” en esta casa, con lo que dudo que haya leído mucho en esta casa de esa biblioteca con la edad que tenía. Es cierto, dicen que Goethe es la persona con el mayor IQ de la historia. Pero de ahí, a decir que leyó todos esos libros como un infante recién nacido, lo dudo.
 

2) Relevancia de la Goethehaus


Habiendo visitado la ciudad de Salzburgo, en donde tienen la casa de nacimiento de Mozart, la casa donde Mozart vivió hasta los 20, hasta los 30, dónde fue al baño, etc. no debería sorprenderme que la gente en Frankfurt intente hacer lo mismo. 

La casa de Goethe
, es, a mi juicio irrelevante. Es una mera copia (leer punto 3) en la que nadie cree, los locales no se interesan, y solo se estafan a los turistas extranjeros, los cuales no tienen ninguna idea de lo que están viendo, y probablemente quien fue el escritor. 

Se trata simplemente de un grito de protesta en el cielo, o quizás una prueba forzada, de que el hombre más importante de la historia de Alemania en el mundo de las ideas, nació en Frankfurt. De ahí, que Frankfurt tenga la plaza de Goethe, la casa de Goethe, la universidad de Goethe, el monumento a Goethe, etc.
El frente de la "casa de Goethe"

3) Originalidad de la Goethehaus

Primeramente, cabe destacar que, como mencionado anteriormente, la casa carece de marcas representativas del autor. Con lo que visitar a la Goethehaus puede significar visitar la casa de Goethe, de Schiller, como la casa de una persona cualquiera del siglo XVIII. 

Pero más allá de ese detalle, la casa de Goethe fue destruida durante el ataque aéreo a la ciudad de Frankfurt am Main durante la segunda guerra mundial, más específicamente en el año 1944. Para más información de cómo quedó destruida la ciudad, les dejo este enlace. Su reconstrucción comenzó en el año 1947 y su reapertura fue en el 1951. Al terminar la guerra ya estaba el debate de si valía la pena reconstruirla, ya que carecería de originalidad. 

Mi reacción al ver las fotos de la casa destruida durante la segunda guerra mundial, fue de completa sorpresa y enojo. El precio está por encima de cualquier museo en la ciudad de Frankfurt, y encima se trata de un plagio (punto 3), completamente carente de sentido en lo referido a la obra del autor (punto 1) y  de una inutilidad absoluta (punto 2). 

Recomiendo, a quien esté de visita por la ciudad de Frankfurt, (y con algún conocimiento del autor) que simplemente visite la casa de Goethe desde afuera, y se saque una foto a la fachada (por supuesto, de pos-guerra), y que si quiere algo más interesante, que visite la Goetheplatz, en la que se encuentra un enorme monumento de Goethe con una historia, quizás no tan interesante, pero si al menos verdadera. 

Mi impresión: me voy un poco desilusionado de la casa de Goethe. Siempre quise ir desde que estoy en Frankfurt (en estos momentos se acaban de cumplir 23 meses de mi llegada) ya que desde que empecé a estudiar alemán me encantó Goethe. Al menos puedo sacarlo de mi lista. Quisiera ver si alguna vez visitaré la tumba de Borges (que es otra de las cosas de mi lista). 

Fotos utilizadas en esta entrada:

Martin aka Maha – estatua de Goethe
 

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