¿Qué define a un alemán?

¿Cuál es la diferencia entre un alemán y un inglés? ¿y si comparasemos a un alemán con un portugués? ¿Diferenciándolo con un argentino? ¿Cúal es la manera de ser de los alemanes? ¿Qué es, como pregunta inicial, lo que define a un alemán?


No creo que vaya a poder responder todas esas preguntas en este pequeño texto (digo pequeño a priori, porque no sé cuanto voy a escribir al respecto, pero me gustaría ir a los detalles). Pero es mi objetivo tratar al menos de tocar todos esos temas y relatar algunas experiencias que tuve con diferentes personas (o que viví de cerca) en el país germano.

Esto es, claramente, un gran reduccionismo, ya que solo soy una persona, y mi punto de vista puede ser completamente diferente al de otras 100 personas iguales a mi, que viven en Alemania. Además, no me quiero meter en los grandes estereotipos alemanes. ¿De que serviría hacer una lista diciendo “los alemanes son todos puntuales”, “los alemanes son todos muy trabajadores”? Yo quiero escribir este texto desde mi experiencia y tratar de hilar un poco más fino que esos grandes rasgos tan generalizados que siempre escuchamos.

1) El alemán tiene que hablar y tiene que meterse

El alemán no puede dejar pasar una injusticia o una ilegalidad, el alemán no puede quedarse fuera de una discusión de la que no tiene nada que ver. ¿Recuerdan en épocas antigüas, cuando la gente era educada, en Buenos Aires? Cuando uno tiraba un papel al suelo, siempre había alguien (normalmente alguna vieja) que le diría a uno “señor, se le cayó un papel”. A uno le daba vergüenza, levantaba el papel, y decía “gracias”. Era un “gracias” de gratitud, “gracias por ayudar a la comunidad”, “gracias por querer hacerme mejor persona y ciudadano”.

Ya eso no se hace porque normalmente la situación en la actualidad sería, “señor, se le cayó un papel”, y lo que la persona aludida le respondería, “ ¿y por qué no lo levantás vos? ¡La concha de tu madre!”. Es claras que la salvación está lejos para algunas personas.
En Alemania, todo el mundo es la señora Moralidad que nos indica que el papel se nos cayó. Con lo cual la gente no mete la pata seguido, que es bueno, pero a veces da la sensación de estar siempre observado, que es malo.

Para poner un ejemplo más claro aún de cómo es la cosa en Buenos Aires. Estaba viajando en subte (hace ya un tiempo), y sube un... no sabría como denominar al sujeto y permanecer políticamente correcto, pero bueno, un hombre que a las claras no tenía ni educación, ni techo... solo lo puesto, todo sucio... en fin, que ya se harán una imagen de lo que explico. Esta persona subió al subte, y empezó a escupir, pequeños escupitajos, uno atrás de otro, contra la puerta. Uno, dos, tres, cuatro... incontables. Llenándo la puerta de saliva. El subte paró en la siguiente estación, se bajó y se fue, desapareciéndo. ¿Alguien dijo algo? Nadie. ¿Alguien se quejó? Nadie. ¿Se intentó increpar al sujeto? Para nada.
Tengo más ejemplos de Buenos Aires, pero prefiero concentrarme en el caso de los alemanes.   Con lo cual, sigámos...

En Alemania (como debería ser en todos lados) está prohibido cruzar el semáforo en rojo. Si la policía lo viera a uno, tendría un llamado de atención hasta una multa. Esta regla es más o menos estricta según en que región del país se viva (en Bayern, la gente lo respeta a raja tabla; en Hessen o Baden-Württenberg, no tanto), y la multa también varía según donde uno se encuentre (creo que son 30€ en Hessen, cuando en Bayern eran 50€, aunque puede que me equivoque).

En casi todos los semáforos hay cartéles que dicen “Nur bei Grün, den Kindern ein Vorbild”, que en otras palabras significa, “crucen en verde, sean un ejemplo para los niños”. Cuando uno cruza mal con niños en frente, lo más probable es que alguien le diga algo. Mi colega de trabajo Tim, con su hija, esperando a cruzar, pasa uno y se manda en rojo. Obviamente que lo increpó y le dijo que estando su hija en frente, que hacía cruzando con el semáforo en rojo. A esto me refiero con que “el alemán tiene que hablar”.

El otro ejemplo que quiero dar para “el alemán tiene que meterse” es una cosa que me pasó cuando estaba volviendo de Hanau. Fui a esa ciudad por un congreso de marketing digital para empresas pequeñas y medianas. Al volver, en bus, un hombre con silla de ruedas eléctrica quiere subir. El chofer (que dicho sea de paso era de Europa del Este, no es que sume mucho a la historia, pero es un detalle) le dice que al tratarse de una silla de ruedas eléctrica no puede subir. El inválido estalla en una cataráta de insultos sobre sus derechos. Finalmente luego de no ir para ningún lado, el chofer baja la plataforma y el hombre en silla de ruedas sube, aun gritando. Efectivamente, la silla apenas entraba. El hombre no paró de gritar en ningún momento, básicamente insultando al chofer, como dije. En ese momento, una mujer que se encontraba sentada más atrás se pone del lado del chofer y empieza a decirle al hombre en silla de ruedas que no tiene derecho de tratar así al chofer, que se trata de una persona, que está haciendo su trabajo, y no se cuantas cosas más. ¿Se imaginan una situación parecida en Buenos Aires? Creo que si alguien pasara por esa situación a hora pico en un colectivo en Buenos Aires, y la gente se pusiera del chofer, nos daríamos cuenta que el armagedón estaría empezando, el fin del mundo como lo conocemos. Por otro lado, si la gente se pusiera del lado del pasajero, creo que lincharían al chofer, volcarían al colectivo y le prenderían fuego... sería la única consecuencia lógica.


Bueno, tenía otros puntos que quería mencionar, pero van a tener que esperar a otra entrada, porque esta ya se hizo demasiado larga. 

Viaje a Irlanda (julio de 2015)

Una pequeña crónica de un viaje breve a Irlanda. Cuatro días en el Sur de la República de Irlanda.

Un viaje un poco organizado todo a último momento. Esos son los mejores viajes a veces, la verdad. Donde las cosas no están en un 100% bajo control, donde todo puede salir bien, salir mal, o malir sal. Le da un poco más de vértigo o aventura a toda la cosa, que es, al fin y al cabo, lo que uno busca al viajar. 

Al viaje fuimos cuatro personas, yo, argentino (si se quiere alemán), Patricia (portuguesa), Sarah (alemana) y Patrick (irlandés). Fuimos por iniciativa de este último, que aprovechando un regreso a casa efímero, nos invitó a conocer un poco su país.

Salimos del aeropuerto Frankfurt Hahn, que es un aeropuerto que queda a unos 45 minutos de bus de la ciudad de Frankfurt, con la aerolinea RyanAir. Como anécdota, cabe destacar que el subte para llegar a la parada del bus se atrasó (así es, en Alemania los transportes también se atrasan... como también la gente hace paros y se quejan... en el fondo los alemanes también son personas, para quien pensara lo contrario). Al atrasarse el subte, el tiempo no nos alcanzaba para llegar puntuales a la salida del bus, con lo que tuvimos que correr, valija en mano. Nuestra amiga Sarah ya estaba en el bus, y le pedí por teléfono que hiciera tiempo que “en unos momentos” estaríamos llegando. Realmente no quería que me pasara lo mismo que me pasó en Estrasburgo (para eso leer la entrada de la visita a la ciudad francesa). En esa ocasión no estaba Sarah, y por eso perdimos el bus. En este caso, nuestra amiga alemana consiguió que el bus esperara, para poder irnos todos juntos. Estuve con respiración agitada la mitad del viaje, transpirando profusamente para mal de mi acompañante en el bus, una vieja italiana que intentaba leer el diario.

Llegamos al aeropuerto, que es realmente pequeño y sin el glamour del aeropuerto internacional de Frankfurt, y volando con avión un poco gastado, salimos para Irlanda. El viaje fue un poco movido, pero era de esperar, ya que ibamos al país donde siempre llueve. ¡Algunas nubes eran de esperarse!
Primer pequeño choque cultural: salimos de Alemania con calor, remera y pantalón corto. Llegamos a Irlanda a abrigarnos... y a mojarnos un poquito. 

Al llegar al aeropuerto de Kerry (si yo pensaba que el aeropuerto Frankfurt Hahn era chico, era porque no había había visto el de Kerry), alquilamos un auto, y pusimos en camino. Yo no estaba al volante, pero me senté adelante a la izquierda... es decir, donde debería estar el asiento del conductor. Fue divertido y extraño al mismo tiempo viajar del lado de la izquierda sin tener que manejar. Sarah fue quien tomó el volante. Las rutas son muy estrechas en Irlanda y yo tenía la sensación que nos ibamos a chocar todo el tiempo. Sobrevivimos...

La ciudad de Killarney

Como comentario antes de relatar todo lo que hicimos, es que no paramos ni un segundo durante los cuatro días que estuvimos en Irlanda. No podría concebir un viaje donde se haya aprovechado mejor el tiempo, que como lo hicimos nosotros en este viaje. Estoy leyendo en estos momentos las Aguafuertes Cariocas de Roberto Arlt, y él escribía día a día las cosas que iba viviendo en ese viaje a Brasil. Supongo que de esa manera puede apreciar uno mejor los detalles de las cosas que se viven, pero bueno, trataré de hacer mi mejor esfuerzo en dejar expresado en estas palabras todas las aventuras que tuvimos en esos cuatro días en Irlanda.

Al llegar a Killarney, nuestro amigo Patrick nos estaba esperando. Nos quedamos en un Bed & Breakfast, de los tantos que hay en la zona, que tiene una gran afluencia de turistas, sobre todo de los Estados Unidos. Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a recorrer la ciudad.

No dimos muchos pasos para llegar al centro, donde había una calle larga con muchas banderas de diferentes nacionalidades. La argentina estaba perdida por ahi entre las otras. Dimos una vuelta, simplemente para ver donde podríamos ir a la noche a comer algo y escuchar algo de música.

Al volver y dar una vuelta, un hombre viejo se nos acercó a hablarnos. Yo, automáticamente, pensé que nos iba a pedir dinero. Pero lo que en realidad ofrecía era un paseo a caballo con carro por todo el parque nacional de Killarney. Patrick que ya conocía el recorrido (el es de la ciudad de Cork) dijo que era algo que teníamos que hacer, y no estaba equivocado.

El paseo por carro fue, creo yo, una de las mejores cosas que hicimos en nuestro viaje por Irlanda. El señor tendría más de 50 años, aunque parecía haber salido de alguna historia antigüa medieval, en la que no se podría adivinarse cuantas primaveras platearon su sien. Un acento de la Irlanda profunda marcaban el ritmo de su voz, realmente llevándonos a la época en que todo lo que nos rodeaba, castillos y antigüas fortalezas, eran ocupadas. Las historias cobraban vida, y parecía que los actores de las mismas había estado hace poco caminando por los lugares que visitabamos. 

El paseo duraba una hora, por lo menos, y tenía como objetivo mostrarnos todo el parque nacional, sus bosques, lagos, montañas, un castillo, y partes de la ciudad. Íbamos los cuatro sentados, con una suave brisa y un aire fresco gracias a la humedad del lugar, al trote monótono del caballo que nos llevaba, y la voz con tono bien irlandés, que nos explicaba todo lo que veíamos. 

En el medio del paseo paramos unos minutos para que el caballo pudiera descanzar, tomar agua, comer alguna cosa, y poéticamente hablando, viajar más ligero. Fue gracias a esta pequeña pausa programada que pudimos visitar el castillo llamado “Ross”. Es una construcción pequeña, la verdad desde la cual se pueden ver las islas que están en el lago. Cada isla tiene un nombre y una historia diferente, algunas de las cuales nos contaba nuestro guía. Algunas sencillas, como quien compró tal o cual edificio, que en alguna de las islas hubo una prisión,... en fin, historias de vidas de todas las personas que vivieron en la zona.

El viaje pudo haber durado una hora, pero creo que el tiempo en esas cosas no se puede medir con algo tan común y mundano como los segundos, minutos u horas.

Torc Waterfall y Ladies’ View

Luego de la fabulosa visita al parquet nacional de Killarney que acabo de describir, nos fuimos a una pequeña cascada llamada la Torc Waterfall. Está oculta en medio de un bosque tan verde, que uno entiende porqué ése es el color más representativo de Irlanda. El aire se respira fresco, ya que además de árboles y plantas, la humedad es bastante elevada. No es de sorprender, llovizna al menos una vez al día... todos los días.

Realmente me sentí entrar en la Comarca de los Hobbits (the Shire, en inglés original), poco más mirando de reojo a mis costados por si alguno de los espectros del anillo venía en nuestra búsqueda.
La cascada era preciosa, y con estos paisajes, ser fotógrafo es muy sencillo... la naturaleza hace todo el trabajo por nosotros. Dimos unos saltos por las piedras, nos sacamos unas fotos y seguimos con nuestro camino.

La siguiente parada fue una vista panorámica llamada Ladies’s View. Los caminos, como creo ya haberlo dicho, son muy estrechos, pero esta vez fue Patrick quien manejaba, con lo cual subimos a una velocidad un poco más alta que antes (mareándonos un poco inclusive, haciéndome recordar viajes al sur de Francia, o al norte de España en las rías baixas... o más reciente en Portugal... en su totalidad).

La vista era increíble, y hasta nos reímos citando a Tolkien nuevamente... “Legolas, what do your elf eyes tell you?”. Interesante también era un negocio que se encontraba al lado, en el cual se podían comprar un millón de souvenires de Irlanda. Hay que admitirlo, ¡los irlandeses saben vender su marca! Entre las cervezas, los deportes, los tréboles, los “leprechaum”, los celtas, en fin... tienen de donde elegir. Me traje un par de imanes de recuerdo...

Devil’s Punch Bowl

Todavía en nuestro primer día en Irlanda (nos levantamos a las siete de la mañana para salir al aeropuerto) y luego de todo lo descrito hasta ahora, aun tuvimos tiempo de hacer algunas cosas más.
Luego de dejar el Ladies’s View, seguimos un poco la carretera hacía unas montañas que habían ahí cerca. Los paisajes que nos acompañaban eran idílicos, la verdad, con la fortuna que el clima era soleado y un poco fresco. Paramos un par de veces, bajándonos del auto para escuchar a unas ovejas de fondo. En la última parada, pudimos bajar una ladera hasta llegar a un lago (probablemente de deshielo) que pensamos que era el Devil’s Punch Bowl. El água era oscura, al punto de que no se podía ver nada. No me hubiera sorprendido (o bueno, tal vez un poco) ver salir una serpiente gigante nadar fuera de ese lago. Todo el paisaje acompañaba a esa idea.

El viento que soplaba suavemente empezó a levantar tanto, que tuvimos que irnos. Volvimos, para el centro de la ciudad, para ir a tomar algo. No tuvimos suerte, ya que buscábamos música en vivo, y en casi todos los lugares estaban terminando para cuando nosotros llegabamos. Fuimos a comer a uno de los pocos lugares que quedaban abiertos que era un restaurante que emulaba los años 50’. La comida fue todo frito con kilos de azúcar... pero era eso, o nada. Nos fuimos a tomar una cerveza, y finalmente volvimos al Bed & Breakfast. Cuando dicen “aprovechen el tiempo” o “seize the day”, creo que deben haber escrito la frase pensando en el primer día que tuvimos en Irlanda. 

El desayuno – Full Irish

El desayuno irlandés precisa de un espacio propio para ser explicado y descrito. Es una comida potente, por ponerle un adjetivo, que brinda calorías suficientes como para llegar tranquilamente a la cena. Fueron 4 días a alimentarnos con ese desayuno todas las mañanas (o sea, solo 3 veces), y al volver ya me sentía más pesado que al ir.

Las cosas que se pueden encontrar en el desayuno irlandés (al menos el que yo comí en la región de Kerry, pues tengo entendido que hay diferentes versiones del mismo según en la ciudad en la que uno se encuentre) son: dos salchichas, huevos (que pueden ser fritos o batidos – los llamados scrambled eggs), dos o tres lonchas de panceta, white y black pudding (el negro es parecido a la morcilla nuestra, el blanco no contiene sangre... así que no se parece a nada que conozca), lleva también porotos salteados con salsa de tomate y para ponerle algo saludable... tomates.... eso sí, fritos. 

No voy a negar que era un desayuno muy rico, pero por suerte solo tuve la oportunidad de comerlo 3 veces, sino creo que moriría... de gordura. Quizás el desayuno sea la razón por la cual los irlandeses sean tan colorados... por la presión alta que deben tener.

Clonakilty

Clonakilty es un pueblo al sur de Irlanda, no muy lejos de Cork, que tiene salida al mar. Muy pintoresco, con flores, y un aire muy irlandés. Fuimos a un bar / restaurante llamado An Súgán, que aparentemente es muy conocido, y comimos alguna cosa, que fue pequeña ya que veníamos de comer mucho el día anterior. Pedimos igualmente una tabla con quesos que no tenían pérdida.  

Fuimos a dar una vuelta por las calles luego de la comida, pasando por el monumento de Michael Collins (se explica más abajo este punto), y terminamos en otro bar. Ahí nos pusimos a hablar con dos irlandeses que mientras nosotros íbamos por nuestra primera (y única en mi caso) cerveza, se tomaron dos, para ir por la tercera. Nos pusimos todos juntos a ver rugby. Me enteré más del rugby argentino en esos momentos que quizás en toda mi vida, no habiendo seguido a los pumas desde el mundial histórico del 2007, donde el equipo argentino terminó en tercer lugar.

Al terminar lo que estabamos tomando, nos fuimos a Indchidoney, que era donde se encontraba nuestro hotel. De esta parada quisiera solamente recordar la pileta de água salada, que tenía un sauna y el desayuno a la carta. Claramente pedí un desayuno “full Irish”. No me pesé al volver, pero seguro que estaba más gordito...

Michael Collins

Cuando se visita un país en el cual nunca antes se había estado, uno siempre aprende cosas nuevas, ya sea gastronómicas, geográficas, culturales o históricas. O incluso sociales, como lo es conocer gente nueva. Todo lo que ya he explicado era nuevo, pero realmente importante, o al menos que me llamó la atención fue la figura de Michael Collins.

Patrick me contaba un poco sobre quien había sido Michael Collins y lo que representaba para los Irlandeses. Lo que textualmente me dijo fue: “Para nosotros él fue... lo que para ustedes fue Bolívar”.
Esto me lammó la atención a dos cosas: la primera, mi gran ignorancia sobre Irlanda, su historia y costumbres. Más allá de que todo es verde, que siempre detestaron a los ingleses y que el símbolo por excelencia es el trébol... mucho más no conocía. Esto hizo (o está haciendo) que me interese más en estas cuestiones y lea más sobre la figura misma de Michael Collins y toda la historia del país. Hay una película en la que Liam Neeson (que aprendí también que es irlandés, aunque del Norte) hace el papel de Michael Collins mismo, que me gustaría ver también... en fin, que me enseño que hay muchas cosas que no sé y que me gustaría seguir aprendiendo.

La segunda, irónicamente, fue mi desconocimiento de Bolívar. Indiscutiblemente Bolívar habrá hecho muchas cosas importantes pero “lo que para ustedes fue Bolívar”... a menos que en el “ustedes” esté incluída la noción de patria grande... que yo sepa, Bolívar no hizo nada por la Argentina, y lo único que hizo fue empujar a San Martín de la historia en Guayaquil. Creo que la mayoría de los argentinos solo debe conocer el evento llamado la “entrevista de Guayaquil” y nada más. Volviendo al punto anterior, estoy leyendo sobre el tema también. Si, claro, Patrick debería leer también alguna cosa al respecto, pero bueno... al mundo hay que cambiarlo a partir de uno mismo.  

Para poder seguir aprendiendo al volver del viaje, paramos en una librería y nos compramos unos cuantos libros. Yo me traje conmigo una guía ilustrada breve sobre la historia de Irlanda, y una un poco más detallada sobre el pueblo de Irlanda. Como detalle, pasamos unos minutos por un negocio de armas, en la que había además ropa, herramientas, entre otras cosas... me compré ahí una bandera “Medium” de Irlanda, y Patrick se compró un rifle para lanzar gomas elásticas... para el placer de Sarah que no podía disimular su alegría... y volver con un arma (de madera, si) para registrarla en el aeropuerto y volar en avión.

La cerveza y el idioma de Irlanda

Antes de contar como terminó el viaje, me gustaría hablarles de algunas cosas que me llamaron la atención, sobre todo la cerveza y el idioma de Irlanda, el Irish.

Ex un poco vox populi, pero todos sabes que la cerveza Guiness es de origen irlandés, pero hay muchísimas otras cervezas “negras” en Irlanda. Creo que en todos los bares donde paramos, me tomé un tipo de cerveza diferente y en cada ocasión el gusto era completamente diferente. Fue una experiencia “gastronómica” muy interesante.

Con respecto al idioma que se habla en Irlanda, más allá de los acentos, como expliqué más arriba en el caso del señor que nos hizo el recorrido por el parque nacional, en todos lados se encuentra la traducción al “Irish”, esto es, porque es el idioma oficial del país, junto con el inglés, claro. Es un idioma que viene luchándo por permanecer vigente desde la época de la edad media. Me fascinó la verdad el hecho de que un idioma tan diferente conviviera con el inglés moderno. Aprendí algunas palabras, como trato de hacer siempre, pero no podría reproducirlas ahora, sobre todo porque no sé cómo escribirlas. Quizás busque un curso de Irlandés....

Muckross house

Lo último que hicimos en el viaje antes de irnos fue visitar la “Muckross house”. Era una casa antigüa con una arquitectura muy bonita, que daba a un paisaje increíble, como la mayor parte del tiempo que estuvimos en Irlanda: montañas, un valle... esta vez la llovizna y el viento le dieron hasta ese aire melancólico que necesitaba.

Hicimos un recorrido sobre las diferentes familias que vivieron en la casa, que fue muy interesante por los diferentes hábitos que tenían las personas hace tanto tiempo: en este caso, la caza. Había cabezas de ciervos y alces por todos lados, pinturas y herramientas sobre lo mismo, en fin... que se despertarían pensando en la caza, hablarían todo el día de los animales, para irse a acostar contando alces saltando una cerca.

Ya no nos quedaba otra cosa que irnos al aeropuerto, para emprender el regreso. Fueron 4 días muy activos, que nos dejaron cansados, pero llenos de aventuras, y en mi caso, de curiosidad por todas las cosas que vimos, y claro... ¡con muchas ganas de volver!

Viajes cortos en Alemania: Gelnhausen en Hessen

Hice un viaje de un día a una ciudad cercana a Frankfurt am Main: Gelnhausen. Si no la conocen o no les suena de nada, no se preocupen… es normal.

Gelnhausen es una ciudad pequeña dentro de la región alemana de Hessen. Es considerada como una de las diez ciudades más bonitas de la región y las fotos son prueba de ello. La postal típica alemana con las casas antigüas, los paisajes verdes y, al menos en nuestro caso, el sol brillando, forman parte de las postales que se pueden hacer de la ciudad de Gelnhausen.

Saliendo de Frankfurt (pasando por Offenbach y Hanau) se llega a Gelnhausen en tren en una hora, por un precio módico de 7€ (lo mismo que cuesta ir a Wiesbaden). Si se vive en Frankfurt y se tiene un ticket mensual o anual, solo se debe pagar lo que sería el trayecto a partir del momento en que se sale de Frankfurt.

Un detalle, fue que nos controlaron tanto a la ida como a la vuelta. Hay que tener cuidado con estas cosas, porque por más que fuera un viaje corto, se trataba de un tren regional. Además, en Frankfurt se están haciendo muchas reparaciones en las estaciones, como lo son la limpieza general, la incorporación de ascensores, etc. Con esto, quiero decir que de algún lado necesitan la financiación, y las multas deben ser una de las fuentes de ingresos más grande para las empresas de transporte.(Casi como si estuvieramos en Argentina...)

La ciudad es pequeña pero muy pintoresca. El centro histórico se puede hacer caminando en una hora. No es una ciudad con demasiados habitantes con lo cual la caminata es agradable y sin demasiados sobresaltos, aunque tampoco sin demasiadas atracciones.

Se puede subir a la parte norte de la Altstadt, en la que hay una construcción antigüa al lado de un pequeño parque (en el que hay un monumento a los caidos por las guerras mundiales) y desde ahi se puede tener una vista completa de la ciudad con sus casas bajas, dos iglesias y los alrededores. En nuestro caso, una vista muy verde y con sol.

Voy a hacer una aclaración. Había un museo, al cual no entré. Y había una atracción llamada la Kaiserpfalz, a la que tampoco entré. Por un lado, el museo, no se que podía ofrecerme una ciudad tan pequeña como Gelnhausen en un museo, y siento que muchas veces los museos son más verso que otra cosa. “Esta es la cama donde durmió Goethe” (para más información, leer la entrada de la Casa de Goethe en Frankfurt am Main), y si Goethe estuvo remotamente cerca de tocar esa cama, yo soy Schiller resucitado.

Y por el otro, la Kaiserpfalz es una pared en la que alrededor le construyeron cosas y te cobran 3€ por algo que probablemente dura 5 minutos, que además, ¡se puede ver desde afuera! Forman parte de los restos de algún castillo del llamado Barbarroja (Friedriech I, Kaiser del Sacro Imperio Romano Germánico). Los restos pude verlos, como dije, desde afuera, sin necesidad de pagar los 3€. 

Lo único importante que parece haber sucedido en esta pequeña ciudad es el nacimiento  del escritor alemán Grimmelshausen, mejor conocido como Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen. Wikipedia tiene un artículo dedicado a este escritor.

Gelnhausen es también la ciudad natal de Phillip Reis, que fue un pionero en la invención del teléfono. En el cartel que dice “casa natalicia de Phillip Reis” le tiran un “Erfinder des Telefons” (inventor del teléfono), que es una aseveración bastante sencillista de lo que fue la historia de dicho invento. Si quieren saber un poco más al respecto, los invito como siempre a que lean.

El viaje de ida y vuelta, más recorrido a pie inclusive nos tomó unas 5 horas. Para un fin de semana en el que no se sabe que hacer, Gelnhausen puede ser una opción.

Si quieren más información de la ciudad de Gelnhausen, les recomiendo visitar la página oficial http://www.gelnhausen.de/

Viaje a Estrasburgo: revisitando a Francia

La última vez escribí sobre Holanda, esta vez sobre Francia, y más precisamente, sobre la ciudad europea por autonomasia: Estrasburgo.


El viaje fue de solo 3 días, para poder aprovechar el feriado del 1 de mayo, día del trabajador internacional, que fue un viernes. Una información de color, es que el 1 de mayo se festeja por una revuelta obrera ocurrida en Chicago, en los Estados Unidos. Esta fiesta se festeja casi en la totalidad del mundo,… a excepción de los Estados Unidos. En este país se celebra el “labor day” el primer lunes de septiembre.

Volviendo al viaje, salimos en Bus para la ciudad de Estrasburgo desde Frankfurt, temprano el viernes, acompañados de una lluvia ligera que estaría con nosotros durante la mayor parte del viaje. En Estrasburgo, la estación de buses se encuentra en la otra punta de la ciudad de donde se ubica la estación central de trenes. Solo algunas empresas paran sus buses al lado de la misma en una calle que no da para ese tipo de buses. Pero bueno, son rebeldes.

Teníamos reservada una habitación a través de Air B&B, que fue una buena idea, tanto por la ubicación del departamento, como por el precio. Ahora bien, al llegar, se trataba de un sexto piso, sin ascensor. Al llegar, casi sin aliento, el departamento era moderno, dentro de lo que cabe, y estaba en buen estado. Una de las camas se encontraba en un pequeño altillo, el cual me hizo doler los pies a cada paso que daba, y lo que me llevó a tomar la decisión de dormir en el sillón/ cama que se encontraba a la altura del piso.

El otro tema fue el baño, el cual incomodó bastante (fui con mi novia y un amigo francés) porque las puertas eran de papel (metáforicamente hablando) y el techo no era 100% cubierto, sino que eran grandes maderas que servían de techo. El resultado era que cualquier ruido que se hiciera ahi adentro, hacía eco afuera. La consecuencia de este hecho fue que nadie quería ir al baño en el departamento. La solución fue tomar “alguna cosa” en algún café cada tanto, para quien lo necesitara, fuera a piacere al baño.

El primer día nos lo pasamos caminando bajo la lluvia. A mi me gusta la lluvia y me gusta caminar mojado. Pero la lluvia era copiosa e ibamos a caminar por un buen rato, con lo que al final compramos dos paraguas “I love Strasbourg”. Algo útil y un souvenir, todo al mismo tiempo. Visitamos la Petite France, la catedral (que se llama también Notre Dame) y un poco del centro de la ciudad donde todo el tiempo estuvo abierto en su totalidad los negocios (recordando que nos fuimos para Francia por el feriado del día del trabajador. En Karlsruhe y en Frankfurt también estaba todo abierto).

El departamento tenía tres bicicletas que podíamos usar, con lo que el sábado, que no llovió durante el día, aprovechamos para dar una vuelta por toda la ciudad. Pasamos por el parlamento europeo que ese día tenía la jornada de las puertas abiertas, pero que para nosotros permanecieron cerradas porque había una cola de 2000 personas. Vimos el edificio de afuera, aunque sea.

Pasamos también por un parque que se llama “Parque de l’Orangerie” que es muy grande y tiene grandes espacios con lagos, ideal para pasearlo en bicicleta. En el centro hay un lugar que es el pabellón Joséphine, construido en honor a la Joséphine de Napoleón. Fui lindo porque era una casa grande en la que pudimos ver unas cigüeñas en una de sus chimeneas. Para quien no lo sepa, las cigüeñas son el símbolo de la ciudad de Estrasburgo.

Y luego, también en bicicleta, nos fuimos por el puente europeo hasta la ciudad alemana de Kehl. El puente une Alemania con Francia, y al pasar de un lado al otro, uno nota las diferencias en seguida. La ciudad de Kehl es muy pequeña y se ven franceses comprando como locos por todos los negocios. Los productos, especialmente algunos como el tabaco, tienen menos impuestos en Alemania y son por ende más baratos.
Volvimos en bicicleta para Francia, para terminar el día comiendo salame con queso, con una baguette y una botella de vino de la Borgoña (que no es de mis favoritos, pero bueno). Como anécdota, debido al água que había caído en esos días y paseando cerca de las vias del tranvía, mi novia se fue al suelo estrepitosamente. No se si es peor caerse uno mismo al suelo o ver a alguien que se quiere caer. Lo mejor sería que nadie se cayera y punto. Pero hay veces que las cosas son inevitables.

El último día nos fuimos a un restaurante donde servían Flammkuchen “à volonté” por 12€, es decir, libres. Las Flammkuchen son como un estilo de pizza muy fina, que llevan crema y panceta, y diferentes tipos de quesos, según que tipo se pida. Y “à volonté” significa comer todo lo que se pueda.

Al volver, corrimos como locos para llegar al bus, el cual salió dos minutos antes de nosotros llegar. Discutí con el conductor desde la calle, haciendo gestos, él y yo, sin ningún éxito, ya que nos abandonó, dejándonos mojados por la lluvia, empapados de sudor, y en calor, por todo lo que corrimos y por la bronca de haber perdido el transporte. Tuvimos que volver en tren, pagando extra el traslado, claro.

Experiencia rica en gastronomia, deporte, y en cosas que hay que tener en cuenta cuando se viaja: ¡salir con tiempo para tomar el bus!

Viaje a Holanda: Rotterdam y la Haya

Hay muchas maneras de llegar a Holanda desde Alemania (si se vive en la frontera, incluso se puede ir caminando, claro está). Desde Frankfurt estabamos entre ir en bus o en tren. El bus es por excelencia lo más barato, quizás solo comparado con alguna opción del Mitfahrgelegenheit (cuando la gente comparte autos para ir juntos a algún destino). El bus tarda más y las opciones de ir con alguien en auto es que nunca son fijas y pueden cancelarse un día antes sin previo aviso. El tren es una opción un poco más cara (aunque no demasiado como se piensa si se reserva con tiempo y viendo las diferentes promociones) y se viaja muy bien y cómodo. ¿Molestan los controles? Si, mucho. ¿Molesta tener que encontrar un lugar? Es eso, o pagar 4,50€ por reserva de lugar por persona por trayecto. Uno lo verá... Sin embargo, es cómodo, tranquilo y no hace casi ruido (a menos que la gente sea ruidosa, pero eso no se puede controlar en ningún medio de transporte).

Nosotros encontramos una buena opción para ir con el tren, directo hasta Rotterdam. Cinco horas de viaje y estabamos en la ciudad holandesa cambiando una sola vez de tren en Eindhoven. La estación central de Rotterdam es visualmente muy interesante. La ciudad en sí misma tiene una gran arquitectura, la verdad. Los edificios llaman siempre la atención, por sus colores, por sus formas. Otra atracción que llama la atención por este sentido son las casas cúbicas, llamadas “Kubuswoningen” en holandés, que significan departamentos cúbicos.

Aviso, que no es que sepa hablar holandés, pero el idioma tiene un gran parecido con el alemán. Al menos en algunas cosas, porque debo admitir que había momentos en los que me encontraba tan perdido que entendía ni una sola palabra. Me pareció increíble el idioma, la verdad. Una mezcla de alemán, con acentro inglés, palabras francesas e ingleses, o mismo alemanas deformadas. Por momentos se entiende, por momentos nada. Sonidos guturales, rasposos o armoniosos. El holandés realmente es un idioma muy rico en todo.

Nuestra visita de Rotterdam fue iluminada por el hecho de que nos alquilamos unas bicicletas y pudimos visitarla casi toda de esta manera. Fuimos al mercado central llamado Rotterdam Blaak, que es una experiencia en si misma, donde se pueden probar muestras gratis de todos los productos que allí se ofrecen. Probamos diferentes quesos, embutidos, chips hechos de verduras, verduras, salsas... y los colores de los productos, los quesos, que eran rojos, verdes, azules, o amarillos intensos. Gente de todas nacionalidades caminando por doquier. Y todo esto dentro de un edificio muy moderno con forma de galpón gigante, azul, lleno de vidrios (una foto podría ilustrarlo mejor), con el toque clásico de pinturas de los mismos productos que allí se venden pintados en los techos internos. Para coronar esa atracción nos comimos unas papas fritas con mayonesa, que es una cosa muy típica holandesa. En holandés es patat. (me recordaba a la serie Tetes à claques, cuando decía, con acento quebequois, “t’aime bien manger des patates?”).

Con las bicicletas nos alejamos del centro de la ciudad y nos fuimos a una zona portuaria en la que había un pequeño molino. Por supuesto que había que ir a ver el molino, sino, ¡no habríamos estado en Holanda! Más tarde vimos unos más desde el tren, pero este lo vimos bien de cerca. Según decía un cartel pegado en la puerta, el molino aun funciona y vende la harina que produce. En esa zona entramos en un pequeño restaurante donde tomamos cerveza (como consejo si alguna vez van, pidan una muestra de cervezas, que es un vaso tipo “shot” en el que traen todos los tipos de cerveza que se ofrecen empotrados en una maderita) y un mix de comidas típicas.

Las bicisendas de Rotterdam están muy bien organizadas, pintadas de un color diferente (colorado) al de la calle normal, y lo más importante, están por todos lados. La ciudad no es muy grande, con lo que se puede llegar a todos lados en bicicleta. 

La segunda parte del viaje fue a La Haya, que es donde viven los reyes de Holanda normalmente. También se encuentra el Palacio de la Paz y muchos edificios administrativos del país. La ciudad no la pudimos apreciar al 100% porque era domingo y estaba todo cerrado, y todos los edificios que acabo de enumerar los vimos desde afuera. Lamentablemente no la pude saludar a Máxima, aunque vi muchas postales con su cara y hasta un cuadro enorme que estaba en frente del palacio real. 

Algo que probé en la Haya, es la salchicha cruda: Ossenworst. Es como si fuera carne picada en forma de salchicha... y se come así. La impresión es bastante grande al comerla, pero es rica. Así y todo, no la recomiendo, porque si por mi fuera, no la pediría de nuevo. Pero se viaja para probar cosas nuevas, ¿no es cierto? 

Como conclusión puedo decirles que Holanda merece la pena (sin entrar en nada de drogas, ni zona roja) a nivel cultural y gastronómico (la cerveza es muy buena y tienen muchas especialidades increibles, muchas de las cuales incluyen queso, claro). ¿Volver? Volvería. Intentaría ir un día de semana para ver cómo son las ciudades, e intentaría volver en primavera o verano. Pero, ya que vi la segunda y la tercera ciudad más grande de Holanda, la próxima me gustaría conocer Amsterdam, que claramente es la primera. Y saludar a Máxima... eso me quedó en el tintero.

Mercado Navideño de Frankfurt (Weihnachtsmarkt)

En esta entrada les quiero hablar del mercado navideño de Frankfurt. La gran alegría del invierno en la ciudad. El frío, mirando las luces y los adornos, no parece molestar tanto.
mercado navideño en alemania

Árbol navideño: En este caso vemos el gran árbol navideño del Römer, donde se concentra una gran parte del mercado navideño de Frankfurt. Continúa por las calles aledañas que llevan al Zeil (una peatonal enorme) para terminar en la Hauptwache (una plaza gigante en el corazón de la Altstadt: casco histórico). El árbol es lo primero en ubicarse de todo el mercado. Cuando los habitantes ven elevarse el árbol, adivinan que pronto el mercado estará en funcionamiento.

Comida y decorados alemanes

Lebkuchenherzen: En esta foto se ven los “Lebkuchenherzen”, que son como corazones hechos de pan de jengibre. La receta tiene un millón de ingredientes, y debe ser una cosa muy calórica y alimenticia. Los ingredientes son: frutos secos y nueces, naranja, limón, miel, harina, azúcar, huevos, especias, anis, jengibre,cardamomo, cilantro, nuez moscada, canela, etc. Dependen un poco de la zona, los ingredientes que se usen. Llevan frases de amor, o palabras bonitas... hacen un buen souvenir. 

Weihnachtsmarkt en Frankfurt

Stands navideños:  además de los recuerdos, jueguetes o velas, los mercados navideños en Alemania se caracterizan por ofrecer mucha comida a los transeúntes. Comida y bebida, típico alemán. Si faltase alguna, no sería un festival alemán. 

Mercado navideño en Frankfurt

Stands navideños 2:  como les explicaba en la foto anterior, comida y bebida, sí... pero también recuerdos, juguetes, adornos navideños, entre otras cosas.

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